• Canadá y Australia predominan en un mercado global de 4,5 millones de toneladas.
  • La Argentina podría aprovechar la rotación con maíz y captar el 25% del comercio mundial.

La Argentina tiene la posibilidad de ser uno de los grandes proveedores de lentejas del mundo y no está aprovechando la oportunidad debido a que fundamentalmente no tiene oferta genética acorde a las actuales necesidades del mundo.

Los últimos desarrollos se hicieron en la década del 80 y a partir de ahí se cortó toda inversión, tanto pública como privada, en desarrollo genético de la especie, como en investigación y apertura a nuevas zonas productivas. Ello llevó a un estancamiento productivo que quedó limitado al abastecimiento del mercado interno. Dejamos de mirar una grandísima oportunidad que el mundo empezó a mostrar ecustom hockey jerseys custom nhl hockey jerseys jersey mls custom maple leafs jersey cheap yeezys saquon barkley jersey yeezy foam runner cheap nike air max sale outlet aguilas cibaeñas jersey yeezy boost 350 v2 black yeezy boost 350 v2 jordan proto max 720 dallas cowboys slippers mens nike air jordan mid banchero orlando jerseyn la década del 90, y profundizó bien en este siglo, con un volumen cada vez más creciente del trading mundial.

El mercado global de lentejas hoy suma 4,5 millones de toneladas, de los cuales 3,5 millones son abastecidos por Australia y por Canadá, que facturan 3.500 millones de dólares. Es un mercado creciente porque esos dos países no tienen mucho más margen para seguir creciendo en oferta. Entonces si no nos ponemos a trabajar le vamos a estar regalando ese mercado a Rusia, a Kazajistán, a Uzbekistán en vez de aprovecharlo.

Con todas las ventajas que tiene el cultivo de lentejas, hoy Argentina podría estar trabajando tranquilamente con un 20-25 por ciento del mercado de Canadá y Australia y estaría facturando 400/500 millones de dólares más de exportaciones. Para eso es fundamental la adhesión al convenio UPOV91, por el cual al obtentor de las variedades se le puede reconocer su trabajo.

Para ello, Argentina necesita desarrollar una genética moderna, para producir un cultivo que funcione con doble propósito, o sea cultivo de servicio y cosechable, eficiente en el uso del agua y muy complementario con el maíz en cuanto a manejo de suelo y respecto a la cantidad de nitrógeno que puede dejar en el suelo.

Hoy tenemos que importar variedades extranjeras que nos permitan ponernos en carrera para luego empezar a desarrollar todo el sistema de investigación y desarrollo, a nivel nacional a nivel público privado y obtener los resultados que se están obteniendo en otras especies como garbanzos, en las cuales ya hay un camino bien hecho bien. La lenteja es la especie más relegada de las cuatro legumbres principales.

Podríamos ser el tercer origen a nivel mundial, sin ningún problema y tenemos que importar porque no tenemos inversiones genéticas y no tenemos seguridad jurídica de poder cobrar los royalties correspondientes para pagarle a quien hizo el trabajo y obtuvo las variedades que nosotros necesitamos.

Para eso necesitamos tener genética acorde a las necesidades del mercado o sea, producir lentejas rojas (el 70% de la demanda global) para exportación, pero también acorde a las necesidades del productor local, para que sea similar a un cultivo de servicio y además de cosecharse favorezca la rotación de principios activos de herbicidas, evitando así la generación de malezas resistentes.

La complementación con el cultivo de maíz es una de las grandes ventajas que tenemos y que no tiene ningún otro origen a nivel mundial. Eso nos da una eficiencia de producción altísima en ese sentido y no lo estamos aprovechando. Y todo por no pagar un royalty que podrá costar 10 o 15 dólares por hectárea. Eso realmente es estar mirando un hormiguero mientras que los elefantes nos pasan por la espalda, en términos de pérdidas de ingresos.

Fuente: Clarín